sábado, 4 de febrero de 2012
Mamadou Ndiaye, un gigante adolescente
Mamadou Ndiaye ve a sus compañeros de equipo y rivales desde muy alto, concretamente desde los 2,26 metros de altura que mide, lo que se sitúa como una de las personas más altas de todo Estados Unidos. El libro Guinness de los récords ya trabaja para ver si es el jugador de “high school” más alto del mundo. Y en su equipo es la auténtica estrella.
El caso de este senegalés que juega en el Brethren Christian School tiene asombrados a propios y extraños. Con sus 2,26 metros de altura, Ndiaye sería el jugador más alto de la NBA en la actualidad. Nadie llega tan arriba. Zydrunas Ilgauskas o Hasheem Thabeet se quedarían a cinco centímetros de este junior, que podría recalar en la mejor ligar del mundo en tres años.
En su etapa junior no tiene rival. Su altura tan impresionante hace que saque varias cabezas a compañeros de equipo y rivales. Su entrenador, Jon Bahnsen, dice que es mucho mejor entrenador desde que cuenta en la plantilla con el africano. “Coger rebotes, darse la vuelta y machacar”, ese el juego de Mamadou, que apenas tiene que estirar los brazos para anotar. Sus números son: 22,8 puntos, 13,2 rebotes y 6,8 tapones.
La corta historia de este joven es de un secretismo absoluto. En su primer colegio, el Stoneridge Preparatory de Simi Village (California), le ayudaron a conseguir una tarjeta de estudiante. Y en un examen físico llegó la sorpresa. Se le encontró un tumor en su glándula pituitaria, causante de su imparable crecimiento y de problemas de vista. Los médicos dictaminaron que tenía dos años para eliminar el tumor si no quería perder la visión.
"Adoptado" por una pareja
Los rectores del Stoneridge Preparatory reconocieron su incapacidad económica para afrontar la operación. Así, que a base de donaciones particulares y con la ayuda de una pareja de California, que se convertiría en sus tutores legales, se consiguió la cirugía. La pareja no quiere nada a cambio, sólo que Mamadou se convierta en un joven "americano" normal. Un chaval que es un apasionado de la bicicleta y de la comida china.
“Lo encontré en Dakar”, dice Amadou Koundol, un ojeador de su primer colegio. “Sólo hay un gimnasio cubierto en Senegal. No fue difícil dar con él”, afirma Koundol. Amadou reconoce que Ndiaye es una de las mejores personas que ha conocido en la vida. “Es duro para él hacer cosas sin que la gente se quede impresionado, pero lo lleva bien”, sentencia su “descubridor”. El comienzo de la historia de Mamadou Ndiaye.
Por Nacho Díaz
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